dignidad

Muchas veces confundimos la dignidad con el orgullo, pero esto no es así, esta es un activo valioso que no podemos poner en las manos de otras personas o perder tan fácilmente. 

Desde un aspecto más amplio, la dignidad es el respeto por uno mismo y nuestra salud. También es el poder que nos levanta del suelo cuando nos hemos roto las alas con la esperanza de llegar a un punto lejano donde nada duele, donde podamos volver a ver el mundo con la cabeza en alto.

dignidad

Podemos decir casi sin error que pocas palabras son hoy tan importantes como las palabras en esta ocasión de nuestro artículo. Fue Ernesto Sábato quien dijo recientemente que aparentemente, la dignidad humana no estaba prevista en este mundo globalizado. Todos lo vemos todos los días, nuestra sociedad se articula cada vez más en una estructura donde poco a poco vamos perdiendo más derechos, más oportunidades e incluso libertades.

“Más allá del dolor y la alegría, está la dignidad de ser”

-Marguerite Yourcenar-

“Más allá del dolor y la alegría, está la dignidad del ser humano”

Robert W. Fuller, físico, diplomático y educador, ha puesto sobre la mesa un término que seguramente empezaremos a escuchar con más frecuencia. Se trata de mi “rango”. Este término engloba todos los comportamientos que día a día atentan contra nuestra dignidad: ser acosado por un tercero (cónyuge, jefe, compañero de trabajo), sufrir acoso, sexismo, e incluso ser víctima de jerarquías sociales.

dignidad

Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos experimentado una sensación de pérdida de dignidad de alguna manera. Ya sea por una relación abusiva o para realizar un trabajo al que no se le dio un nuevo número, esta es una situación con altos costos personales. Exigir un cambio, posicionarnos a nuestro favor y luchar por nuestros propios derechos nunca será un acto de orgullo, sino de ser valientes.

“La dignidad no consiste en nuestros honores sino en el reconocimiento de merecer lo que tenemos”.

-Aristóteles

Conclusión:

Evitemos perder nuestra individualidad, dejemos de justificar lo que no se puede justificar y evitemos convertirnos en parte del equipo que encubre cada día nuestras virtudes y bellas personalidades. Por tanto, aprendamos a dejar de ser objeto de la infelicidad para crearla con nuestras propias manos y voluntad. Dejemos de confundir la dignidad con el orgullo.

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